Desde el momento en que entramos, los imponentes esqueletos de dinosaurios captaron la atención de todos de inmediato. Nuestro hijo menor estaba asombrado, mientras que nuestro adolescente —quien honestamente pensamos que no estaría tan interesado— terminó siendo el más involucrado de todos nosotros. La diversidad de especies animales en exhibición lo dejó completamente boquiabierto, desde los insectos más pequeños conservados con perfecto detalle hasta los enormes esqueletos de ballenas que colgaban sobre nuestras cabezas. Lo que más le impresionó fue lo detallada y contextualizada que es cada exhibición. Nada se siente apresurado o genérico; cada espécimen se presenta con verdadera profundidad y cuidado. Para nuestro hijo de 9 años, las secciones interactivas de ciencia y las exhibiciones de exploración espacial fueron lo más destacado. Ver cápsulas espaciales reales de cerca desató una conversación sobre astronautas que duró todo el viaje en tren a casa.