En el azul y blanco de Zante, Grecia, tuvimos la suerte de conocer a Andígo. No solo nos mostró el paisaje, sino que usó historias y ritmo para que cada parada tuviera significado. El itinerario fue pausado y constante, la explicación cálida y profunda, y los detalles llenos de consideración hacia los viajeros. Una gran parte de lo maravilloso de este viaje se debe a Andígo. Lo recomiendo sinceramente 👍🏻