Participé en el crucero al atardecer, pero desafortunadamente el clima no era bueno ese día y no pudimos ver la puesta de sol. Además, hacía bastante viento, y el capitán, antes de zarpar, preguntó a los pasajeros si aún querían salir, ¡lo cual me pareció muy considerado! Durante el crucero, el capitán y la tripulación fueron muy conversadores y se esforzaron mucho en contar las historias de los lugares de interés de Lisboa. También ofrecieron mantas y chubasqueros para el frío, así como bebidas y pasteles de nata para comer. ¡Lo recomiendo encarecidamente!