El Museo Suizo del Transporte es, sinceramente, uno de los museos más impresionantes que he visitado. El lugar es enorme e increíblemente completo, desde teleféricos antiguos y trenes históricos hasta barcos, coches clásicos e incluso cohetes espaciales, la colección es absolutamente fascinante.
Lo que hace que la experiencia sea aún mejor es lo interactivo que es todo. Hay exhibiciones prácticas en todo el museo, lo que hace que la visita sea atractiva y divertida en lugar de sentir que solo estás pasando por delante de las exposiciones. Todo el museo también está muy bien organizado, con explicaciones disponibles en varios idiomas. Terminé pasando casi cuatro horas y media aquí sin siquiera darme cuenta de lo rápido que pasó el tiempo. Eso por sí solo dice mucho sobre lo inmersiva que es la experiencia. El único inconveniente es que tanto la entrada como la comida de la cafetería son un poco caras, pero en general, vale la pena visitarlo si estás en Suiza.