Para empezar, nuestro guía, Peter, fue un hombre maravilloso. Muy perspicaz, lleno de datos interesantes y con un toque de ingenio. También compartió historias de cuando era joven, viviendo en Irlanda, lo que hizo el viaje aún más personal. Tenía actividades preparadas, pero también nos permitió elegir si queríamos participar en ellas, dándonos la libertad de explorar por nuestra cuenta o de participar en la actividad. Los acantilados eran maravillosos, sin embargo, hay que tener en cuenta que a veces puede haber niebla y, si no tienes suerte, puede que estén cubiertos de niebla todo el tiempo. En general, una gran excursión.