Lo bueno de Klook es que puedes reservar y visitar el mismo día. Además, los billetes electrónicos son muy convenientes. En cuanto al museo en sí, no se permite hacer fotos, lo que para muchos puede resultar un poco misterioso. La cantidad de objetos expuestos es enorme, y también hay muchísimas pinturas. Lo más importante es que no hay mucha gente, así que puedes disfrutar tranquilamente de todas las obras. Sin embargo, si no te interesan mucho las pinturas religiosas, quizás no valga la pena ir.