Hoy visité el Templo Daruma y había muchísima gente, el ambiente era muy animado. Aunque la fila y el recorrido de la visita tomaron casi dos horas, a lo largo del camino se podían ver muchos darumas adorables y variados, lo que le daba un toque muy especial. Todos venían con expectativas y deseos para orar, lo que llenaba el lugar de una sensación solemne y cálida. Aunque la multitud requería paciencia, la experiencia general valió la pena; poder experimentar de primera mano la cultura tradicional japonesa y las costumbres de oración fue una visita especial e inolvidable.